¿Qué papel juega la proteína Spike de la COVID en la infección y el desarrollo de la enfermedad?

Los resultados de la investigación confirman cómo la proteína spike daña las células vasculares,   ayudando a explicar la variedad de complicaciones aparentemente inconexas de la COVID-19.

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Madrid, 2 de mayo (Europa Press).- Los científicos saben desde hace tiempo que las distintivas proteínas de espiga del SARS-CoV-2 ayudan al virus a infectar a su huésped al adherirse a las células sanas. Ahora, un nuevo estudio demuestra que también desempeñan un papel clave en la propia enfermedad.
El artículo, publicado en la revista Circulation Research, también muestra de forma concluyente que la COVID-19 es una enfermedad vascular, demostrando exactamente cómo el virus SARS-CoV-2 daña y ataca el sistema vascular a nivel celular. Los hallazgos ayudan a explicar la gran variedad de complicaciones aparentemente inconexas de la COVID-19 y podrían abrir la puerta a nuevas investigaciones sobre terapias más eficaces.
“Mucha gente piensa que es una enfermedad respiratoria, pero en realidad es una enfermedad vascular. Eso podría explicar por qué algunas personas sufren derrames cerebrales y por qué otras tienen problemas en otras partes del cuerpo. Lo que tienen en común es que todos ellos tienen un trasfondo vascular”, explica el coautor del estudio Uri Manor, del Instituto Salk (Estados Unidos).

Científicos han evidencia de que #SC2 es una enfermedad vascular y esa proteína Spike juega un papel clave adicional más allá de simplemente ingresar a las células.- Salk Institute for Biological Studies https://t.co/kVUjwTCnKJ vía @salkinstitute
— Christian Lugo (@lugo_ch) May 2, 2021
Aunque los hallazgos en sí mismos no son del todo una sorpresa, el artículo proporciona una clara confirmación y una explicación detallada del mecanismo a través del cual la proteína daña las células vasculares por primera vez. Cada vez hay más consenso en que el SARS-CoV-2 afecta al sistema vascular, pero no se sabía exactamente cómo lo hacía. Del mismo modo, los científicos que estudian otros coronavirus sospechan desde hace tiempo que la proteína espiga contribuye a dañar las células endoteliales vasculares, pero ésta es la primera vez que se documenta el proceso.

La proteína S del SARS-CoV2 altera la función endotelial a través de la regulación a la baja de la ECA 2. “Mucha gente piensa que es una enfermedad respiratoria, pero en realidad es una enfermedad vascular. @IMIB_Arrixaca @SEinmunologia
Sigue hilo…https://t.co/tZC7yKRRq4
— Manuel Muro (@manuelmuro5) May 2, 2021
En el nuevo estudio, los investigadores crearon un “pseudovirus” que estaba rodeado de la clásica corona de proteínas de espiga del SARS-CoV-2, pero que no contenía ningún virus real. La exposición a este pseudovirus provocó daños en los pulmones y las arterias de un modelo animal, demostrando que la proteína de la espiga por sí sola era suficiente para causar la enfermedad. Las muestras de tejido mostraron inflamación en las células endoteliales que recubren las paredes de las arterias pulmonares.

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A continuación, el equipo reprodujo este proceso en el laboratorio, exponiendo las células endoteliales sanas (que recubren las arterias) a la proteína de la espiga. Demostraron que la proteína de la espiga dañaba las células al unirse a la ACE2. Esta unión interrumpió la señalización molecular de la ACE2 a las mitocondrias (orgánulos que generan energía para las células), provocando que las mitocondrias se dañaran y fragmentaran.
Estudios anteriores habían demostrado un efecto similar cuando las células se exponían al virus del SARS-CoV-2, pero este es el primer estudio que demuestra que el daño se produce cuando las células se exponen a la proteína de la espiga por sí sola.
“Si se eliminan las capacidades de replicación del virus, éste sigue teniendo un efecto dañino importante en las células vasculares, simplemente en virtud de su capacidad de unirse a este receptor ACE2, el receptor de la proteína S, ahora famoso gracias a la COVID-19. Otros estudios con proteínas S mutantes también proporcionarán nuevos conocimientos sobre la infectividad y la gravedad de los SARS-CoV-2”, detalla Manor.

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