Después de la tormenta

“Incluso, Félix Salgado Macedonio y Raúl Morón, ganarán, si como todo indica, tuvieron mano en el nombramiento del nuevo candidato”. Foto: Daniel Augusto, Cuartoscuro
A la memoria del General José Francisco Gallardo Rodríguez
Las razones del INE, finalmente, se impusieron en los casos de Guerrero y Michoacán con la sentencia del TEPJF y está a salvo, el derecho de Morena, de postular nuevos candidatos a Gobernador.
El ruido mediático que subsiste seguramente alcanzará hasta el día de la elección y muy probablemente estará en el ánimo del debate parlamentario cuando se discuta la reforma del sistema electoral y esperemos, que cuando esto suceda, sea con el consenso de todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión.
Al fin, y al cabo, luego de estos litigios preelectorales todas las partes salieron ganando que es una regla de la política democrática:
El INE, ganó, porque hoy aparece como una institución de leyes y en eso, más allá del ruido y las animadversiones personales, no hay marcha atrás, hoy más que nunca estará obligada – y lo está haciendo- a que la administración de las elecciones sea garantía de certeza y legalidad.
El TEPJF, con la votación mayoritaria, y la soledad del voto de su presidente, obtuvo la legitimidad que estaba en entredicho y demostró que el Magistrado José Luis Vargas no tiene nada que hacer en el cargo y debe irse a su casa para arreglar los asuntos que tiene pendientes con la justicia por sus bienes patrimoniales.
Morena, gana porque siendo partido en el Gobierno, y probablemente lo seguirá siendo al menos de aquí al 2024, se dio cuenta de que debe avanzar hacia a una mayor institucionalización partidaria porque muchos de sus problemas tienen que ver con sus prohombres, el escaso respeto a las reglas internas y a la Ley de partidos.
El Gobierno de López Obrador, si ve con perspectiva de futuro, sabrá de la importancia de los contrapesos al poder presidencial para esa democracia que tanto le gusta representar sin corrupción e impunidad.
Y la ciudadanía, aun en el desconcierto y la molestia que dejan estos escándalos políticos, en un segmento de la población sabe que hoy hay mayores garantías para la protección de su voto y preferencia.
Incluso, Félix Salgado Macedonio y Raúl Morón, ganarán, si como todo indica, tuvieron mano en el nombramiento del nuevo candidato.
En el caso de Guerrero, ya se habla de que el acto celebrado el pasado miércoles en Chilpancingo antes que ser una manifestación contra el INE y el Tribunal Electoral, es para que Félix Salgado respalde a su hija Evelyn como su relevo y eso es lo que explica, que aun después de la decisión mayoritaria del Tribunal el político guerrerense afirme que “será Gobernador”, lo que deja el olor a una nueva versión de “Juanito” que sólo faltaría planchar para de inmediato empezar está campaña que nunca paró, sólo que existió por otros medios.
Mis fuentes en Guerrero me dicen que Evelyn no será una “Juanita” que tiene trayectoria propia en el servicio público y uno de esos cargos, fue como titular del DIF, cuando su padre fue Alcalde de Acapulco con un desempeño aceptable en un municipio de grandes contrastes y múltiples intereses en juego.
La incertidumbre democrática, como bien lo dice el politólogo polaco Adam Przeworski, es parte del juego democrático y en ello están las instituciones y el cumplimiento de la ley, no menos la propia competencia por los votos.
No es que la discreción del INE sea omisión, sino que la discreción no debe dejar de ser aplicación correcta de la ley.
Así sucede en todas las democracias consolidadas y hacia ese punto debe dirigirse la actuación de las autoridades electorales so riesgo, como lo establece la propia ley, que sus consejeros y magistrados electorales pueden ser llevados al temido juicio político que de fallar en contra significa el deshonor de terminar una carrera pública al servicio del país.
Es más, que bueno que existe en nuestro diseño constitucional esta figura que seguramente estuvo en mente durante el momento de votar sea para sancionar, como para ratificar, el principio democrático de “nada ni nadie fuera de la ley” y que sirvió, para mostrar, de que están hechos nuestros consejeros y magistrados electorales.
Ha sido una escaramuza preelectoral tensa y es de esperar que aumente conforme avance la preparación de los procesos electorales, y si sabemos leer las encuestas de intención de votos, en varios estados y distritos electorales habrá una fuerte competencia por los votos y cuando eso sucede es la antesala de la conflictiva poselectoral.
Incluso, la atmósfera turbia, que dejan los casos de Guerrero y Michoacán provocarán seguramente procesos centrífugos en el ánimo de los electores y en especial, entre aquellos ciudadanos que suelen racionalizar más sus votos, los que lo deciden de última hora, al lado de la urna, y se les ubica por su falta de definición o lealtad partidaria, como “indecisos”, que puede llegar en algunos estados hasta el 20 por ciento y más de la lista nominal.
O sea, son los que deciden las elecciones.
Cierto, estamos ante las elecciones más grandes de la historia del país, las más costosas y esperemos también las más concurridas porque podrán votar 93.5 millones de mexicanos que están dentro y fuera del país y estarán en juego más de 21 mil cargos de elección popular.
Las encuestas de intención de voto ya perfilan lo que ha sido una constante -aun con el tsunami de 2018- que los resultados de estos comicios refrenden la pluralidad de la sociedad mexicana con preferencias que de cumplirse beneficiaran especialmente la representación de Morena y sus aliados.
Finalmente, la tensión de las últimas semanas por los casos de Guerrero y Michoacán será para muchos un referente a la hora de votar, muchos lo harán por la coalición “Juntos Haremos Historia” y otros por la coalición de “Va por México” o, por las otras opciones, que van en busca de sus propios votos y su cuota de representación.
No hay más, esa es la ruta trazada sea por la costumbre de participación democrática, como por la racionalidad del votante promedio que tiende a ser cauteloso a la hora de votar y no dar todo a un mismo partido o coalición.
Al tiempo.

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