“No hay afromexicanas en el Congreso”, dice activista. Acusa a Morena de negarle candidatura

Los pueblos afromexicanos han sido invisibilizados y discriminados por años, particularmente las mujeres, señala en entrevista la activista Rosa María Castro. Para impulsar una agenda contra la violencia de género se registró por una diputación en Oaxaca, pero Morena no la consideró “idónea”, a pesar de que el Tribunal Electoral obligó a los partidos a postular a candidatos de grupos vulnerados.

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Ciudad de México, 20 de abril (SinEmbargo).– La activista Rosa María Castro Salinas es una de los 2.5 millones de mexicanos (dos por ciento del total) que se autoreconoce como parte de la comunidad afromexicana, una población históricamente invisibilizada y discriminada. En estas elecciones, con una agenda contra la violencia de género, ella buscó contender por la diputación del distrito 25 de San Pedro Pochutla, en Oaxaca, pero Morena rechazó sus aspiraciones.
“Vi una ventana de oportunidad y pensé que por fin nos están incluyendo, por fin nos hacen justicia”, dijo en entrevista telefónica con SinEmbargo la oriunda de Villa de Tututepec, Oaxaca, donde el 50 por ciento de sus habitantes se considera afromexicano. “Vi que como no hay participación de las mujeres afromexicanas, tenemos que empezar a hacer presencia en el Congreso. Yo recuerdo sólo una compañera afro, pero no tenía la agenda. Ya es momento de estar ahí”.
Hasta el 2019, México reconoció constitucionalmente a la comunidad afromexicana y hasta 2020, luego de que lo exigió por dos décadas, fue censada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
“[En una cumbre internacional de pueblos afro] aprendimos cuáles eran nuestros derechos humanos y nos apropiamos de ellos para ejercerlos, que es la parte más difícil. Ahora lo estoy viviendo yo. Hay tantas trabas para ejercer uno de los derechos humanos elementales que es el de la participación política”, aseguró.
En México hay 2.5 millones de afromexicanos, de los cuales el 50.4 por ciento es mujer. Foto: Cuartoscuro.
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) sentenció que para garantizar la participación política de grupos vulnerados, los partidos políticos están obligados a postular 21 fórmulas de candidatos indígenas, seis de personas con discapacidad, tres de afromexicanos, y dos de la comunidad LGBTTTIQ+.
En enero, el Instituto Estatal Electoral de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO) emitió unas acciones afirmativas que obliga a los partidos políticos a registrar candidaturas de mujeres indígenas y mujeres afromexicanas en un 35 por ciento, por lo que Castro Salinas impugnó la decisión de Morena. “No se está cumpliendo nada en el caso de las afro”, dijo. Sin embargo, esta semana la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia del partido le notificó que no es una candidata “idónea”.
No obstante, no fue considerada ni notificada con la razón hasta que impugnó. Tampoco participó en ninguna encuesta. “Me inscribí por las dos vías, la de mayoría relativa y la de representación proporcional. Pero desafortunadamente no fui tomada en cuenta. Posiblemente mi currículum no está acorde con lo que ellos quieren, aunque lo desconozco porque ni siquiera me dijeron algo”, afirmó Castro.
Días después de la charla telefónica, Rosa María informó a este medio que la respuesta de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia fue desfavorable. “Argumentan que Morena tiene sus facultades para determinar qué candidatos son idóneas y yo no resulté candidata idónea. Pero seguiremos la ruta jurídica todas las compañeras de Oaxaca, Guerrero y Chiapas”, afirmó.
Los 2.5 millones de afromexicanos se concentran en Guerrero, Oaxaca, CDMX, Edomex y VMapa: AfroCensoMX
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–¿Cómo ha sido su lucha por los derechos de las mujeres afromexicanas en la Costa Chica de Oaxaca?
–Tengo más de una década trabajando formalmente los derechos de los pueblos y comunidades afromexicanas, y también la agenda de las mujeres afromexicanas, indígenas, mestizas, rurales y campesinas de toda la región. En la Costa Chica confluyen varios pueblos, entre el afromexicano, mixteco, chatino y también está el mestizo. Es una diversidad cultural de la cual nuestra agenda como activista y desde nuestra organización hemos llevado pensando en todas las mujeres y pueblos. En el caso de los pueblos negros, mi lucha ha sido muy enfocada en el reconocimiento constitucional que ya logramos en el 2019.
El movimiento negro tiene ya casi un cuarto de siglo, pero algunas compañeras nos dimos cuenta que generalmente la visión era masculina. Todos los líderes de las asociaciones civiles eran hombres y las mujeres no estábamos teniendo voz ni voto. A partir de 2011 en el encuentro de pueblos negros, identifiqué eso. Coincidimos varias compañeras y empezamos a trabajar una agenda de las mujeres afromexicanas. En el 2015 ya teníamos muy bien articulado un grupo de mujeres y construimos la primera agenda. Luego las compañeras de Guerrero empezaron a movilizarse mucho y comenzamos a trabajar juntas las mujeres afromexicanas de Oaxaca y Guerrero.
Rosa María Castro lleva diez años luchando por los derechos de las mujeres afromexicanas, indígenas y mestizas. Foto: Especial.
–¿Cuáles son los retos y necesidades que ha detectado para la población afromexicana en Oaxaca y Guerrero?
–Y en general, es decir, en todo el país donde hay población negra. La primer problemática era que éramos totalmente invisibles al Estado Mexicano. En el 2013 se da el reconocimiento constitucional de los pueblos afromexicanos en Oaxaca, pero nada más quedó ahí. En el 2014 se dio en Guerrero y recientemente en la Ciudad de México. Sin embargo, no ha ocurrido gran cosa hasta 2019 que se consiguió el reconocimiento constitucional a nivel federal. A partir de ahí los estados tienen que generar leyes secundarias para poder diseñar políticas públicas para pueblos y comunidades afromexicanas, a lo cual no hemos llegado.
El primer reto era que teníamos que visibilizarnos. Primero, como mujeres, al interior del propio movimiento negro de Oaxaca y Guerrero. Y luego, visibilizarnos en nuestras comunidades, a nivel estatal y nacional. Fuimos escalando. De pronto ya éramos invitadas a algunos foros y eventos. Finalmente, en el 2015 tuvimos la oportunidad seis compañeras afros, cuatro de Oaxaca, una de Guerrero y otra de Veracruz, de ir a la primera Cumbre Internacional de Mujeres Afrodescendientes de las Américas. Fue un quiebre profundo, porque nos encontramos con 250 mujeres más de toda América, y nos dimos cuenta que la problemática era la misma: invisibilización, discriminación, racismo estructural, pobreza y marginación. Al regresar de la Cumbre, decidimos crear nuestra primera agenda política y fortalecimos el movimiento negro que traían los compañeros. Aprendimos cuáles eran nuestros derechos humanos y nos apropiamos de ellos para ejercerlos, que es la parte más difícil. Ahora lo estoy viviendo yo. Hay tantas trabas para ejercer uno de los derechos humanos elementales que es el de la participación política.
Imagen: AfroCensoMX.
–Además del reconocimiento constitucional en 2019, ¿cómo recibieron el hecho de que el Inegi comenzó a censarlos?
–El Inegi lo hizo porque nosotros fuimos a exigírselo; teníamos 20 años exigiéndole. Se le pedía que fuera a nuestras reuniones de pueblos negros. Y recuerdo que por ahí de 2014 mandé la invitación para el encuentro de pueblos negros, que organiza la asociación civil México Negro, y me contestaron que no tenían tiempo para venir. Finalmente en el 2015, después de años de exigencia, se dio la Encuesta Intercensal que fue cuando hicieron la pregunta de autoadscripción. El 6 de agosto de 2019 unos 40 activistas de Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Ciudad de México estuvimos en una reunión con una directora del Inegi para pedirle que hiciera la pregunta como nosotros lo queríamos, ya que no quería utilizar el término afromexicano ni negro, sino afrodescendiente. Finalmente quedó la pregunta. Antes, en el 2018, habíamos ido a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) en Denver, Colorado. Demandamos al Estado mexicano el reconocimiento constitucional y la inclusión en el censo 2020 con la pregunta de autoadscripción.
–¿Por qué ustedes prefieren el término afromexicano que afrodescendiente?
–Porque el término afrodescendiente es un término político e internacional que engloba a todos los que vienen de África. El término afromexicano es un término también político que asumimos porque había mucha resistencia del Inegi a usar el término negro o negra, como nosotros normalmente nos llamamos al interior de las comunidades negras. En el 2011, en un encuentro donde estaban muchos líderes representantes de Oaxaca y Guerrero, decidimos por consenso que queríamos autodenominarnos así. Afro hace alusión a África y mexicano porque nacimos en México y somos mexicanos. Y en nuestros pueblos nos llamamos negros.
El término afromexicano es un término también político que asumimos porque había mucha resistencia del Inegi a usar el término negro o negra, dice la activista. Foto: Cuartoscuro.
–¿Por qué está buscando ser Diputada?
–Me registré por el partido Morena para el distrito 25 con cabecera en San Pedro Pochutla, Oaxaca, porque yo vivo en Bahías de Huatulco. Aquí vivo, aquí trabajo y soy afromexicana de una comunidad de Villa de Tutultepec. En enero de este año el Instituto Estatal Electoral de Participación Ciudadana de Oaxaca emitió unas acciones afirmativas garantizando la paridad de género y la inclusión de grupos históricamente vulnerados. Obliga a los partidos políticos a registrar candidatas en las diputaciones locales y consejerías a mujeres indígenas, mujeres afromexicanas en un 35 por ciento. También hay un porcentaje para mujeres con discapacidad, adultas mayores y demás. Ahí vi una ventana de oportunidad y pensé que por fin nos están incluyendo, por fin nos hacen justicia. Y por el otro lado vi que Morena lanzó su convocatoria para registrarse a activistas y simpatizantes. Yo soy simpatizante de Morena y creo en la Cuarta Transformación.
Hice un análisis. Conozco mucho de las necesidades de los pueblos negros e indígenas y conozco muy bien la región, porque hemos dado talleres, foros, visitas. Tengo un historial de lucha social y un currículum profesional. También vi que como no hay participación de las mujeres afromexicanas, tenemos que empezar a hacer presencia en el Congreso. Yo recuerdo sólo una compañera afro, pero no tenía la agenda. Ya es momento de estar ahí. Le propuse a otras compañeras participar; pueden ser regidoras, síndicas, presidentas municipales, les dije. Pensé que iba a entrar, pero no se dio. Me inscribí por las dos vías, la de mayoría relativa y la de representación proporcional. Pero desafortunadamente no fui tomada en cuenta. Posiblemente mi currículum no está acorde con lo que ellos quieren, aunque lo desconozco porque ni siquiera me dijeron algo.
–¿No le justificaron por qué no fue considerado su registro?
–Nada, en lo absoluto. Yo me enteré que mi propuesta había sido rechazada porque sacaron unas listas. Nos dijeron que íbamos a encuestas, pero nunca supimos de las encuestas. Todo fue raro.
La tasa de participación económica de la población afromexicana es mayor que el promedio nacional. Imagen: AfroCensoMex
–¿Morena ya tiene candidato o candidata para el distrito 25 que usted busca?
–Sí, la Diputada actual va por la reelección. El Distrito 25 abarca nueve municipios.
–¿Y qué opina de este obstáculo para participar?
–Lo que estoy haciendo en defensa de los derechos políticos de las mujeres es inconformarme porque están violentando una acción afirmativa muy clara y precisa: debe haber mujeres afromexicanas e indígenas registradas por todos los partidos políticos. Dice 35 por ciento. No se está cumpliendo nada en el caso de las afro. Cuando personas usurpan una identidad por llegar a un espacio, los resultados son pobres. No hay agenda qué colocar en el Congreso. Impugné por eso. Pusimos el recurso ante el Tribunal Electoral estatal y lo turnó a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia del partido Morena.
–¿En qué consiste su agenda?
–Que las mujeres de la región de la Costa –desde Huatulco hasta el límite con Guerrero– conozcamos nuestros derechos, que nos apropiemos de esos derechos y que ejerzamos esos derechos. Desde hace once años estamos trabajando en una agenda de igualdad de género en la región, donde hay una terrible desigualdad entre hombres y mujeres. También trabajamos el empoderamiento emocional, intelectual, económico y sociocultural de las mujeres. Sobre eso trabajamos: reducir las brechas de desigualdad, disminuir y erradicar la violencia de género y el empoderamiento para reducir la discriminación, marginación, pobreza, rezago en salud y educación. Hay un 15 por ciento de personas entre 15 y 29 años de los pueblos negros que no sabe leer ni escribir un recado.

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